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"Perón estaba convencido de que en Ezeiza lo querían matar"

El martes se cumplirán 40 años de la muerte del líder justicialista. Los doctores Pedro Cossio y Carlos Seara compartieron con el ex presidente sus últimos meses de vida. Infobae recogió sus testimonios. Reproches a Cámpora, el temor por su vida, la relación con el entorno y los mitos sobre López Rega

El próximo martes se cumplirán cuatro décadas del fallecimiento de Juan Domingo Perón. El hombre que marcó la política argentina del siglo XX y cuyo nombre sigue siendo referencia para muchos a pesar del paso de los años. El mismo nombre que muchos reivindican y reinterpretan 40 años después. Luego de la muerte del tres veces presidente, el peronismo cobijó a expresiones tan dispares como el menemismo y el kirchnerismo. Todos aseguran ser peronistas. Pero no muchos tuvieron la oportunidad de conocerlo ni de hablar con él. Los que si contaron con ese privilegio fueron los médicos que atendieron a Perón tras su regreso a la Argentina. Pasaron horas junto a Perón en la intimidad de Gaspar Campos o de la quinta presidencial de Olivos. Allí se encontraron con un Perón, que, tal vez producto del trato cotidiano con ellos, se sinceró y les dejó frases, definiciones políticas y confesiones que quedarán para el recuerdo y la historia.

 
Pedro Ramón Cossio, hijo de Pedro Cossio, médico de cabecera de Perón, y Carlos Seara fueron dos de los galenos que compartieron esos momentos en la intimidad del líder justicialista. Ambos dejaron por escrito sus experiencias en el libro "Perón. Testimonios médicos y vivencias. 1973-1974. (Lumen, 2006)". Infobae habló con Cossio y Seara, quienes dieron cuenta de lo vivido junto a Perón.
 
Luego de ser derrocado en 1955, Perón estuvo 17 años exiliado, entre Paraguay, Centroamérica y España, logrando regresar a la Argentina por primera vez el 17 de noviembre de 1972. En esa oportunidad estuvo solo algunos días en el país, ungió a Héctor Cámpora como candidato a presidente y regresó a Madrid. Concretó su regreso definitivo recién en junio de 1973. Pero, ¿cómo estaba Perón de salud? Era un hombre grande, tenía 77 años y un organismo resentido por varias dolencias. La historia clínica de Perón mostraba que tenía un incipiente cáncer de próstata, pólipos y era un paciente enfisematoso. También padecía una insufiencia renal. Cossio y Seara contaron que los disgustos sufridos por Perón, producto de varios episodios políticos, como la masacre de Ezeiza o el intento de copamiento del cuartel de Azul por parte del ERP en enero del 74, hicieron mella en su delicada salud. Su sobrevida se acortó notablemente cuando se asentó en la Argentina.
De hecho, Perón sufrió un infarto en su primer regreso, del que no se tuvo noticia en ese momento. Luego, tuvo otro, el 26 de junio, menos de una semana después de su retorno definitivo, acontecido el 20 de junio de 1973. Ese día se produjeron los incidentes de Ezeiza, que obligaron a Perón a aterrizar en Morón.
 
"Nosotros identificamos después del segundo infarto, el que se produjo en junio, que el general Perón había tenido un infarto previo. Preguntándole a él y a todo el entorno, el día del viaje de noviembre del 72, en su primer retorno, el tuvo un dolor, que no le manifestó a los médicos ni se hizo tratar", explicó Cossio. Tiempo después, recibieron un electrocardiograma hecho por el doctor español Florez Tascón, donde se ve la cicatriz del infarto de noviembre de 1972.
 
Luego del segundo infarto, Cossio padre y Jorge Taiana, otro de los médicos de Perón, recomendaron la internación del ex mandatario, pero éste y su entorno se opusieron porque "no se sentía seguro en ninguna parte". Por lo tanto, continuó recluido en la casa de Gaspar Campos. Un día después, el 27 de junio de 1973, Perón "hace un violento dolor en el pecho porque tiene una pericarditis aguda como consecuencia precoz inmunológica del infarto que tenía". A partir de ese momento, Cossio (h) comienza a controlar regularmente a Perón en la residencia de Vicente López. De esta manera, comenzó a compartir 12 horas por día con Perón, en su cuarto.
Tras este episodio de junio, Perón pasa algunos meses sin sobresaltos en su salud, hasta que llega el 21 de noviembre. Ese día, por la noche, sufrió "una descompensación cardíaca importante", que obligó a los custodios de Perón a "sacar y traer de urgencia" a un médico de guardia de la clínica Olivos. Se trató de una situación improvisada que expuso las flaquezas de los controles sobre la salud de Perón, que ya había asumido la presidencia el 12 de octubre. Ante esto, su entorno y los médicos de cabecera decidieron montar una guardia permanente, las 24 horas, con un grupo de jóvenes cardiólogos del hospital Italiano. Domingo Liotta, que era jefe de cirugía cardiovascular de ese establecimiento y secretario de Estado de Salud Pública, participó, junto a Cossio padre e hijo en la selección de los doctores.
 
Estos especialistas que harían guardia para Perón fueron elegidos "por su tendencia política". Cossio contó que"tenían que ser de centro y preferentemente gente católica". Incluso uno de los médicos que estaba en la lista preliminar terminó siendo rechazado "por haber dicho que había votado la fórmula Allende-Sueldo". Allí entra en esta historia el doctor Carlos Seara. En ese entonces tenía 27 años y estaba organizando la cardiología infantil en el hospital Italiano. Fue parte de ese selecto grupo que comenzó a hacer guardias, primero en Gaspar Campos, y luego en la quinta de Olivos, donde Perón se mudó recién en enero 1974. En principio, no estaba claro si Perón sabía que tenía muy cerca suyo a estos médicos que intervendrían ante una eventualidad.
 
"Tengo la impresión de que no supo. Nosotros estabamos de civil, de saco y corbata, a veces con ropa más común", rememoró Seara, que finalmente mantuvo su primer diálogo con Perón el 1 de enero. "Nosotros estábamos en la casa de atrás de Gaspar Campos, que se había comprado para ese fin. Se abre la puerta que comunica a las dos casas, yo estaba desayunando, se acerca Perón. Me dice "feliz año", lo noté descontracturado, era muy canchero para eso". A partir de allí, el trato se hizo cada vez más frecuente.
 
Cossio y Seara escucharon de boca de Perón sus reproches a Cámpora, el temor de que alguien atente contra su vida, los motivos que lo llevaron a ser presidente y también fueron testigos privilegiados de la relación del general con su entorno.
 
¿Perón temía por su vida?
Cossio: "Estaba convencido de que en Ezeiza grupos de izquierda lo estaban esperando para matarlo durante el acto. Este concepto del general Perón, de que en Ezeiza lo querían matar no me lo dijo una sola vez, sino varias veces".

Seara: "Había un temor que lo mataron. Perón tenía miedo que lo mataran, tenía armas en su dormitorio. Los edecanes me dijeron que en Ezeiza a Perón lo habían querido matar".
 
¿Perón quería ser presidente? ¿Qué comentarios hacía sobre el gobierno de Campora?
Cossio: "Perón decía 'será posible que no haya una persona más joven que yo que pueda ser presidente'. Me lo dijo dos o tres veces. Él decía que vino a ser un consejero, para ocupar un lugar de macropolítica, pero quería periódicamente volver a España. Eso me lo dijo a principios de julio del 73".
 
Seara: "Caminando por los jardines de Olivos, Perón me dijo a 'no vine a ser presidente, vine a ser una figura de consulta macropolítica, pero fíjese le hice caso a Evita, que me decía siempre que Cámpora era el más leal y éste se dejó copar por los comunistas y además por el hijo, que tiene costumbres particulares".
 
Cossio: "El general Perón no se cansaba de expresar el fastidio y la desilusión que tenía con la gestión del doctor Cámpora. Era muy crítico del doctor Esteban Righi, ministro del Interior, y del doctor (Juan Carlos) Puig, ministro de Relaciones Exteriores. Les reprochaba la manera torpe en que había sido hecha la amnistía del 25 de mayo de 1973".

meses de vida. Infobae recogió sus testimonios. Reproches a Cámpora, el temor por su vida, la relación con el entorno y los mitos sobre López Rega

Juan Domingo Perón murió el 1 de julio de 1974, a los 78 añosJuan Domingo Perón murió el 1 de julio de 1974, a los 78 añosEl próximo martes se cumplirán cuatro décadas del fallecimiento de Juan Domingo Perón. El hombre que marcó la política argentina del siglo XX y cuyo nombre sigue siendo referencia para muchos a pesar del paso de los años. El mismo nombre que muchos reivindican y reinterpretan 40 años después. Luego de la muerte del tres veces presidente, el peronismo cobijó a expresiones tan dispares como el menemismo y el kirchnerismo. Todos aseguran ser peronistas. Pero no muchos tuvieron la oportunidad de conocerlo ni de hablar con él. Los que si contaron con ese privilegio fueron los médicos que atendieron a Perón tras su regreso a la Argentina. Pasaron horas junto a Perón en la intimidad de Gaspar Campos o de la quinta presidencial de Olivos. Allí se encontraron con un Perón, que, tal vez producto del trato cotidiano con ellos, se sinceró y les dejó frases, definiciones políticas y confesiones que quedarán para el recuerdo y la historia.
 
Pedro Ramón Cossio, hijo de Pedro Cossio, médico de cabecera de Perón, y Carlos Seara fueron dos de los galenos que compartieron esos momentos en la intimidad del líder justicialista. Ambos dejaron por escrito sus experiencias en el libro "Perón. Testimonios médicos y vivencias. 1973-1974. (Lumen, 2006)". Infobae habló con Cossio y Seara, quienes dieron cuenta de lo vivido junto a Perón.
 
Luego de ser derrocado en 1955, Perón estuvo 17 años exiliado, entre Paraguay, Centroamérica y España, logrando regresar a la Argentina por primera vez el 17 de noviembre de 1972. En esa oportunidad estuvo solo algunos días en el país, ungió a Héctor Cámpora como candidato a presidente y regresó a Madrid. Concretó su regreso definitivo recién en junio de 1973. Pero, ¿cómo estaba Perón de salud? Era un hombre grande, tenía 77 años y un organismo resentido por varias dolencias. La historia clínica de Perón mostraba que tenía un incipiente cáncer de próstata, pólipos y era un paciente enfisematoso. También padecía una insufiencia renal. Cossio y Seara contaron que los disgustos sufridos por Perón, producto de varios episodios políticos, como la masacre de Ezeiza o el intento de copamiento del cuartel de Azul por parte del ERP en enero del 74, hicieron mella en su delicada salud. Su sobrevida se acortó notablemente cuando se asentó en la Argentina.
 
ERA UN HOMBRE GRANDE Y TENÍA UN ORGANISMO RESENTIDO POR VARIAS DOLENCIAS
 
De hecho, Perón sufrió un infarto en su primer regreso, del que no se tuvo noticia en ese momento. Luego, tuvo otro, el 26 de junio, menos de una semana después de su retorno definitivo, acontecido el 20 de junio de 1973. Ese día se produjeron los incidentes de Ezeiza, que obligaron a Perón a aterrizar en Morón.
 
"Nosotros identificamos después del segundo infarto, el que se produjo en junio, que el general Perón había tenido un infarto previo. Preguntándole a él y a todo el entorno, el día del viaje de noviembre del 72, en su primer retorno, el tuvo un dolor, que no le manifestó a los médicos ni se hizo tratar", explicó Cossio. Tiempo después, recibieron un electrocardiograma hecho por el doctor español Florez Tascón, donde se ve la cicatriz del infarto de noviembre de 1972.
 
Luego del segundo infarto, Cossio padre y Jorge Taiana, otro de los médicos de Perón, recomendaron la internación del ex mandatario, pero éste y su entorno se opusieron porque "no se sentía seguro en ninguna parte". Por lo tanto, continuó recluido en la casa de Gaspar Campos. Un día después, el 27 de junio de 1973, Perón "hace un violento dolor en el pecho porque tiene una pericarditis aguda como consecuencia precoz inmunológica del infarto que tenía". A partir de ese momento, Cossio (h) comienza a controlar regularmente a Perón en la residencia de Vicente López. De esta manera, comenzó a compartir 12 horas por día con Perón, en su cuarto.
 
El doctor Pedro Ramón Cossio
Tras este episodio de junio, Perón pasa algunos meses sin sobresaltos en su salud, hasta que llega el 21 de noviembre. Ese día, por la noche, sufrió "una descompensación cardíaca importante", que obligó a los custodios de Perón a "sacar y traer de urgencia" a un médico de guardia de la clínica Olivos. Se trató de una situación improvisada que expuso las flaquezas de los controles sobre la salud de Perón, que ya había asumido la presidencia el 12 de octubre. Ante esto, su entorno y los médicos de cabecera decidieron montar una guardia permanente, las 24 horas, con un grupo de jóvenes cardiólogos del hospital Italiano. Domingo Liotta, que era jefe de cirugía cardiovascular de ese establecimiento y secretario de Estado de Salud Pública, participó, junto a Cossio padre e hijo en la selección de los doctores.
 
Estos especialistas que harían guardia para Perón fueron elegidos "por su tendencia política". Cossio contó que"tenían que ser de centro y preferentemente gente católica". Incluso uno de los médicos que estaba en la lista preliminar terminó siendo rechazado "por haber dicho que había votado la fórmula Allende-Sueldo". Allí entra en esta historia el doctor Carlos Seara. En ese entonces tenía 27 años y estaba organizando la cardiología infantil en el hospital Italiano. Fue parte de ese selecto grupo que comenzó a hacer guardias, primero en Gaspar Campos, y luego en la quinta de Olivos, donde Perón se mudó recién en enero 1974. En principio, no estaba claro si Perón sabía que tenía muy cerca suyo a estos médicos que intervendrían ante una eventualidad.
 
"Tengo la impresión de que no supo. Nosotros estabamos de civil, de saco y corbata, a veces con ropa más común", rememoró Seara, que finalmente mantuvo su primer diálogo con Perón el 1 de enero. "Nosotros estábamos en la casa de atrás de Gaspar Campos, que se había comprado para ese fin. Se abre la puerta que comunica a las dos casas, yo estaba desayunando, se acerca Perón. Me dice "feliz año", lo noté descontracturado, era muy canchero para eso". A partir de allí, el trato se hizo cada vez más frecuente.
 
Cossio y Seara escucharon de boca de Perón sus reproches a Cámpora, el temor de que alguien atente contra su vida, los motivos que lo llevaron a ser presidente y también fueron testigos privilegiados de la relación del general con su entorno.
 
¿Perón temía por su vida?
Cossio: "Estaba convencido de que en Ezeiza grupos de izquierda lo estaban esperando para matarlo durante el acto. Este concepto del general Perón, de que en Ezeiza lo querían matar no me lo dijo una sola vez, sino varias veces".

Seara: "Había un temor que lo mataron. Perón tenía miedo que lo mataran, tenía armas en su dormitorio. Los edecanes me dijeron que en Ezeiza a Perón lo habían querido matar".
 
¿Perón quería ser presidente? ¿Qué comentarios hacía sobre el gobierno de Campora?
Cossio: "Perón decía 'será posible que no haya una persona más joven que yo que pueda ser presidente'. Me lo dijo dos o tres veces. Él decía que vino a ser un consejero, para ocupar un lugar de macropolítica, pero quería periódicamente volver a España. Eso me lo dijo a principios de julio del 73".
 
Seara: "Caminando por los jardines de Olivos, Perón me dijo a 'no vine a ser presidente, vine a ser una figura de consulta macropolítica, pero fíjese le hice caso a Evita, que me decía siempre que Cámpora era el más leal y éste se dejó copar por los comunistas y además por el hijo, que tiene costumbres particulares".
 
Cossio: "El general Perón no se cansaba de expresar el fastidio y la desilusión que tenía con la gestión del doctor Cámpora. Era muy crítico del doctor Esteban Righi, ministro del Interior, y del doctor (Juan Carlos) Puig, ministro de Relaciones Exteriores. Les reprochaba la manera torpe en que había sido hecha la amnistía del 25 de mayo de 1973".
 
El doctor Carlos Seara
¿Cómo vivieron la salida de Cámpora de la embajada en México y la firma del decreto en las últimas horas de vida de Perón?
Cossio: "A Perón le cayó muy mal la noticia de que Cámpora venía a Buenos Aires cuando él se enferma. Cuando el sábado 29 de junio de 1974 hace la trasmisión del mando a Isabel, Perón firma la aceptación de la renuncia de Cámpora como embajador y le pide al Doctor Vignes que omita el agradecimiento de importantes y patrióticos servicios prestados. Ese decreto es mi padre el que se lo lleva a firmar a la cama. El papel se lo apoya en un almohadón, y cuando firma se perfora el papel".

 

¿Péron estaba al tanto de la realidad política de la Argentina? ¿O se encontró con algo peor en su retorno?
Cossio: "Por sus expresiones, creo que él se encontró con que la situación en la Argentina era mucho más seria de la que creía o le habían contado que era".

Seara: "Perón creo que sabía las cosas, pero no que eran de esa dimensión. Creo que se empezó a dar cuenta con lo de Ezeiza, después la presidencia y después con los ataques (de la guerrilla), como el de Azul".

 

 

¿Cómo influyeron todos estos acontecimientos políticos en la salud de Perón?
Seara: "Todos estos episodios repercutieron mal en la salud de Perón, porque estaba muy enfermo. Si él no hubiera sido presidente hubiera vivido al menos dos años más, tranquilo".
 
Cossio: "Perón tuvo recaídas cada vez que había un impacto político importante. Uno de estos es con el asalto al cuartel de Azul. Otra es el conflicto con montoneros del 1 de mayo del 74. Ahí empieza a tener una angina de pecho que crece y se incrementa aún más a partir del viaje a Paraguay, pero ya empieza a con síntomas previos, dolores, que van creciendo, que terminan con un infarto y con su vida en julio del 74".
Mucho se habló del "entorno" de Perón y de la influencia de López Rega e Isabel. ¿Qué notaron ustedes sobre esto?
Cossio: "La señora Isabel era una mujer buenísima, pero sin carácter y muy ingenua. Nunca creo que se haya imaginado estar sin Perón. Minimizaban o disminuían el riesgo. López Rega, que tenía conductas muy particulares, tenía también un pensamiento médico muy particular. Y con él no se podía hablar mucho, porque tenías sus teorías propias".
 
"López Rega si se hablaba con él, decía cosas con las que uno no podía estar de acuerdo, hablaba de geopolítica, pero no tenían influencia sobre Perón. Su influencia era desde el afecto y era funcional para Perón. Desde lo doméstico y desde lo político. López Rega tenía un vínculo más próximo con Isabel. Perón ejercía y hacía lo que él quería".
 
Seara: "Isabel era una mujer simple. Cumplía su papel de acompañante. Perón era distante con todo el mundo. La relación con López Rega también era distante. Perón mandaba ahí".
 
¿Perón estuvo lúcido hasta último momento?
Cossio: "Yo estuvo con Perón por última vez el 27 y 28 de junio. Estaba un poco sedado, porque tenía fatiga, pero estaba perfecto, sabía todo lo que pasaba, conectado con la realidad. El 29 de junio también. A la tarde se lo sedó un poco más y estuvo somnoliento. El 30 estuvo somnoliento y el 1 de julio dicen las enfermeras de que dijo 'esto se acabó', como que estaba consciente de que se estaba muriendo. Yo creo que no estaba dormido, pero sí en una situación intermedia".
 
Seara: "En los tratamientos de edema agudo de pulmón. La morfina medio duerme al paciente. De ahí en adelante, recuperó la lucidez, pero por momentos estaba dormido por este tema".
El desenlace
Seara y Cossio cuentan que en el entorno de Perón había una sensación de "inmortalidad" del general. No veían, o no querían ver, que la salud del general declinaba inexorablemente. Incluso la agenda presidencial no era la adecuada para un paciente con los problemas clínicos de Perón. A principios de junio de 1974, un viaje a Paraguay, en el que Perón sufrió la inclemencia del clima y el ida y vuelta de una agenda apretada, terminó de ponerlo contra las cuerdas. "El viaje pareció planificado por el enemigo", confió Seara.
 
Ya de regreso de Asunción, a fines de junio de 1974 Isabel y López Rega viajan al exterior. En esos días, Perón tuvo el último episodio médico que desembocó en su fallecimiento. La vicepresidente y el ministro de Bienestar Social tuvieron que retornar al país de urgencia. El sábado 29 de junio se hizo el traspaso de mando, y luego todo se precipitó. Seara enfrentó esa situación y también el final.
 
Todo comenzó con "un cuadro de vías aéreas superiores que se empieza a cronificar". Eso obligó a los médicos a recomendar reposo absoluto a Perón. Ese sábado, Seara estaba solo de guardia, acompañado en la quinta de Olivos por Taiana. Perón hizo un edema agudo de pulmón, se ahogaba y Seara se vio obligado a canalizarlo.
 
"Yo hacía cateterismo en chicos de tres kilos, entonces encontrar la vena no era difícil. Le expliqué lo que iba a hacer. Me decía que se ahogaba, lo canalicé, le pasé un cateter y en cuanto le pasé la medicación en cinco minutos se empieza a sentir mejor", contó Seara. El por entonces joven médico tomó una decisión difícil, ya que la gente que rodeaba a Perón tenía cierta reticencia a emplear "métodos invasivos". Pero el entorno se encontró con el hecho consumado, y con Perón recuperado por la intervención de Seara.
 
Perón mostró una leve recuperación e incluso al otro día vio, en su cama ortopédica, junto a Seara el partido que la Selección argentina jugó con Brasil válido por la Copa del Mundo que se jugaba en Alemania. Sin embargo, era el principio del fin. El lunes 1 de julio, a media mañana, Perón entró en paro cardíaco. "Le puse un catéter electrodo marcapasos y ahí hubo una reacción positiva, que estimuló el corazón, pero era muy crítico", continúa Seara. Fueron tres horas de trabajos de resucitación, con el cuerpo de Perón en el piso, "porque así es más fácil hacer el masaje".
 
Pero todos los esfuerzos fueron en vano, y finalmente, a las 13.15, Perón fue oficialmente declarado muerto. "El momento del fin fue obvio. Todos nos dábamos cuenta solos. Me acuerdo que me paré, hice un gesto, como diciendo 'esto ya está'. Las miradas del resto, todos asintieron. Todos nos pusimos a llorar, fue un momento tremendo", rememoró Seara. También ayudó a vestir el cuerpo con el traje de general de la Nación, ya que "nadie se animaba a tocarlo, tampoco la gente de la cochería".
Derribando mitos
Algunas versiones, incluso escritas por supuestos testigos de esos últimos momentos de vida de Perón, aseguraron que López Rega participó de las maniobras de resucitación, poniendo en práctica rituales esotéricos, tomando a Perón de los pies y llamándolo "faraón" a los gritos. Seara descartó la historia de plano. Lo que sí tuvo fue un diálogo insólito con el "Brujo" en medio de las tareas para intentar salvar la vida de Perón.
 
"Nadie se metía, estaban todos a la espera, a ver que pasaba. Los ministros estaban ahí, pero tampoco cerca de Perón. Verlo en ese estado no era fácil tampoco para ellos. López Rega, en plena reanimación, cuando le pongo el marcapasos, me llama aparte, me lleva a otra habitación y me dice 'si lo sacas te hago Conde'. Increíble", sostuvo Seara. Pero descartó que el ministro de Bienestar Social de ese entonces haya intervenido en el trabajo de los médicos. "Nada de eso ocurrió", sostuvo, aunque si notó que "en los ambientes cercanos se quemaba incienso en algunos receptáculos que estaban en el piso".
Al igual que Perón, López Rega temía por su vida. Incluso, Seara notó en una oportunidad que el "Brujo" llevaba un arma en su cintura durante una recepción oficial. Fue en aquel viaje a Paraguay, de principios de junio del 74. "Estábamos todos vestidos de frac. Entonces, López Rega se lo corre y veo que tenía un revólver. Le pregunté que hacía armado y me dijo 'che, pibe, siempre corro peligro, hay que esta preparado'". Los temores de López Rega no parecían ser infundados. Un ex líder montonero, Roberto Perdía, le dijo a este periodista que era uno de sus objetivos, pero que no habían "avanzado" porque "corría riesgo Isabel".fuenteinfobae

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